‘El Coloquio de los Perros’ (ISSN: 1578-0856): Reseña de ‘Hijas de un Sueño’ (Por Eva Ríos)

La siguiente reseña sobre Hijas de un sueño es de Eva Ríos para la sección de reseñas literarias ‘La biblioteca de Alonso Quijano’ de la revista literaria El Coloquio de los Perros (ISSN: 1578-0856), una revista fundada por los poetas Juan de Dios García y Ángel Manuel Gómez Espada en el año 2000.

La reseña de Eva Ríos aparece en el número de Enero de 2018 y utiliza una bella metáfora de un viaje en avión para explicar su paseo por mi pueblo imaginario de Candiles en Hijas de un sueño.

EVA RÍOS

Hijas de un sueño es la opera prima de Gerardo Rodríguez Salas, prologada por Ángeles Mora. En 1999 Rodríguez Salas cursó un máster de Estudios de Género en la Universidad de Oxford y más tarde presentó su tesis doctoral sobre Katherine Mansfield, que obtuvo el Premio de Doctorado. Desde entonces su investigación se ha centrado en estudios de las mujeres y de género, que permea igualmente su primera incursión literaria.

Este libro te atrapa ya con la portada. Si te acercas a la niña del dibujo, ella te cogerá de la mano y te guiará con su candil por esa bola de cristal que constituye el universo de Hijas de un sueño, que gira en torno a Candiles, un pueblo andaluz imaginario que bien puede ser tu pueblo, el de tu médico, el de tu mejor amigo, el del autor, ninguno de ellos o todos a la vez. Como doce planetas de distintos colores y formas, los doce relatos que componen este libro dan vueltas alrededor de su estrella, Candiles, que brilla como el candil (de ahí el nombre del pueblo) que sostiene la niña de la portada. Incluso las historias que no acontecen en ese pueblo siempre acaban reflejando una parte de Candiles.

Para visitarlo entramos en la piel de personajes de lo más variopinto, siendo la mayoría de ellos personajes femeninos. El propio título del libro y la niña de la portada ya dan una pista. Además, los que no son mujeres también forman parte de esa minoría por no empuñar una masculinidad hegemónica: hombres considerados “menos hombres” por su homosexualidad, travestismo, transexualidad, religiosidad o edad avanzada. Lo curioso es que cuando te encuentras a estos personajes en las páginas cara a cara te asalta una extraña sensación, como si los conocieras de antes. Y cuando paseas por las calles de Candiles te parece que ya has pasado por allí, que has visto sus plazas, sus paisajes o sus casas. Incluso puede ser que creas estar respirando el mismo aire. Pero, ¿son reales esas sensaciones? Quizás sí, quizás no. Todo esto forma parte de la magia del universo de Hijas de un sueño.

«Cuando la abuela nació el mundo empezó a morir». Con esta frase, la primera del primer relato, el autor establece uno de los temas principales del libro. No olvidemos que los relatos giran en torno a un pueblo y lo que éste representa: unos valores que, para bien o para mal, marcan una manera de hacer las cosas. El hecho de que la abuela muera y lo sepamos desde el primer momento significa que parte de esa forma de vida muere con ella. ¿Y eso qué implica? Que a las siguientes generaciones sólo nos queda vacío donde antes había costumbres y valores que, gracias a nuestro amor por la sociedad del bienestar, es posible que nunca recuperemos. El autor los saca a la superficie y alerta sobre esa pérdida, haciéndonos recordar a unos y aprender a otros que las cosas no fueron siempre como lo son ahora. Además, para enfatizar esta pérdida, ‘Aceite y jabón’ es otro relato que realmente pone el dedo en la llaga.

El primer relato, el más extenso, es el que da nombre al libro y sirve como pista de despegue para el lector. El estilo comienza siendo sencillo y la historia, en conjunto, realista. Sin embargo, hay ciertos toques oníricos que te avisan de que el avión va cogiendo velocidad y que vas a abandonar tierra firme en breve. ¿Conoces esa sensación, justo cuando el tren de aterrizaje se está despegando del suelo, en la que no sabes si sigues rodando sobre la pista o no? Son dos o tres segundos en los que te da un vuelco el estómago y sientes cierta confusión. «Las hermanas suspiraron y compartieron una mirada cómplice, como si esa conversación hubiera existido». Luego respiras de nuevo y sabes que estás en el aire, entre las nubes, y que ya no hay vuelta atrás.

Cada relato lleva una cita introductoria de distintos autores que contextualizan lo que nos vamos a encontrar en esa historia. Federico García Lorca es el autor que introduce el segundo relato, ‘No duerme nadie’, y será una referencia clave no sólo en este relato, sino a lo largo del libro en general. En este relato en concreto nos movemos entre nubes espesas y oscuras que nos llevan a Nueva York y nos traen de vuelta a España en cuestión de segundos, entremezclando distintas historias que hablan de muerte. Aquí hay que perderse entre las nubes y soñar, porque hablamos de uno de los relatos más experimentales de Hijas de un sueño. Digamos que el libro se divide en dos tipos de relatos: aquellos en los que puedes entrever entre las nubes y aquellos en los que no ves tierra por ninguna parte, sólo nubes compactas. Los primeros, aunque nunca dejan de lado ese mundo onírico, son más concretos y realistas; los segundos, en cambio, se caracterizan por una base fantástica más evidente y una estructura más abstracta y complicada. Éste es el caso de ‘No duerme nadie’, pero también de otros relatos como ‘A la vuelta de los sueños’ o ‘Espejismo’.

En este lado más abstracto del libro el estilo también se complica. Aunque aparentemente sigue siendo sencillo, los recursos estilísticos y las referencias literarias pueden dificultar el viaje como lo hacen las turbulencias. ‘A la vuelta de los sueños’, por ejemplo, se centra en la idea de la eternidad en general y el amor eterno en particular, desarrollándola a través de la historia de dos amantes que se reencuentran una y otra vez desde el siglo IV a. C. hasta la actualidad. Para entender este viaje tenemos que conocer la historia general de ciertos personajes reales y ficticios. Además, entre otras, encontramos referencias literarias a Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, y a Orlando, de Virginia Woolf, dos obras que se construyen sobre el poder de la imaginación y la fantasía. Luego tenemos que encajar distintas escenas, entre ellas una playa y una reunión en un café, teniendo en cuenta que no sobra ni una sola de las palabras que el autor utiliza para describir estas escenas. Hay quien encuentra las turbulencias terroríficas y hay quien las encuentra emocionantes; yo soy más de la segunda opción. Es cierto que requieren un control especial del centro de mandos, pero hacen que el viaje resulte más trepidante.

Entre los relatos más realistas están ‘Retales’, ‘Lagartijas’, ‘La lámpara’, ‘Aceite y jabón’, ‘Doce mariposas’ o ‘Babel’, aunque este último, más que toques oníricos, tiene brochazos de pesadilla. Comienza con una violación, lo que, observando las noticias recientes, desgraciadamente nos devuelve a la realidad más horrible. Por si esto fuera poco, los personajes principales son algunos de los más humanos que aparecen en este libro, lo que aporta más cercanía si cabe. La cita que introduce otro de los relatos, ‘Retales’, de Katherine Mansfield, dice lo siguiente: «Todos estaban en el escenario. No eran solo espectadores. Estaban actuando». Y no podría ser más acertada, pues en ‘Retales’ y en Candiles en general es precisamente esa actuación en el teatro de la vida lo que encontramos. Por el contrario, en ‘Babel’ los personajes van a huir de ese escenario, ese mundo artificial en el que nadie se muestra como es realmente, en el que cada uno tiene un papel asignado y una máscara. ¡Ay del que ose intentar quitársela! En ‘Babel’ lo hacen y huyen de Candiles. Pero sólo consiguen huir físicamente, nunca en espíritu. Y esto es lo más interesante, Candiles está siempre presente. Como mencionaba antes, los relatos giran como planetas alrededor de ese pueblo; la elíptica que realiza este relato alrededor de Candiles es posible que se aleje más de su estrella que las demás, pero nunca se aleja del todo.

Algo similar pasa en el último de los relatos, ‘Doce mariposas’, un cierre perfecto para Hijas de un sueño. Más que nunca, las protagonistas parecen hijas de un sueño, aunque en realidad son hijas de un acontecimiento verídico que se intenta ocultar. El autor juega con esta idea de realidad-ficción durante todo el libro, pero aquí se ve claramente. «En Candiles se habla de leyenda y hay que contarla en voz baja y nunca, nunca, delante de los hombres, porque les hierve la sangre y pegan puñetazos en la mesa». De nuevo, al igual que en el caso anterior, este hecho se intenta ocultar en Candiles, pero también en cualquier pueblo y ciudad de España. Hasta que es demasiado tarde y desborda los noticieros, las redes sociales y las conversaciones. Desgraciadamente.

El aterrizaje al terminar el último relato es verdaderamente abrupto. Pero nunca es fácil aterrizar en medio de un temporal huracanado; tocar tierra en estos casos se convierte en un milagro. Luego miras por la ventana y ves la realidad de lo que hay ahí fuera. Este libro arroja luz sobre múltiples puntos ciegos de nuestra sociedad, tales como violencia de género, homofobia, sexismo y, en definitiva, cualquier discriminación por llevar la contraria a los principios del patriarcado. Y luego hay magia, hay mucha magia. No sólo la de los cuentos de hadas, la que representa Rafael en ‘La Cueva’, sino la que no se suele ver a simple vista, como la decisión de Sor Vicenta, Matilde y Reme en ‘Hijas de un sueño’, la de Lucía al comienzo de ‘La lámpara’ o la de la madre de la protagonista de ‘Aceite y jabón’. Hablo de actos cotidianos que nos recuerdan que la humanidad también tiene cosas buenas, que Candiles representa unos valores que no debemos perder. Que la magia del candil no debe apagarse nunca. Que está en nuestras manos.

Fuente: ‘El Coloquio de los perros’ (enero 2018)

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